Dame una razón para amarte

No sé cantar, bailo porque me encanta moverme, pero tampoco soy buena. Nunca aprendí a manejar una controladora.

Aún así, no hay nada, nada, que me guste más que escuchar música. Hoy escucho Glory box de Portishead. El estribillo me trae aquí, tras varios, muchos, días sin escribir, ni hacer casi nada.

“Give me a reason to love you, give a reason to be a woman. I just wanna be a woman”

Solo la música me saca del estado catatonico en el que me sumerjo a veces. Solo una canción así provoca que quiera volver a hablarte. Aunque sea a través de este blog. Un blog que creo que no lees nunca.

Pero esta aquí, para vosotros.

Necesito una razón para amarte.

Solo me pasa contigo.

Mi memoria borra los malos recuerdos, mis mecanismos de defensa se rinden. Mi sexo te reclama.

Vuelvo a ti porque la distancia no sirve de nada. Es como si estirara de una goma elástica, cada vez es un poco más flexible y aguanta más, pero al final vuelve al origen con más fuerza que la primera vez.

Y vuelvo a mi sitio. Vuelvo a Moan.

Todo empezó…

… por la música. Quería hacer algo que me permitiese estar en contacto con ella, tocarla, dejarme guiar, no pensar.

Quería ser DJ, como ellos. Pero no podía, no es tan fácil como darle al botón del Sync. Nada fácil.

Entonces decidí tenerles cerca. Crearles un universo. El universo Moan. Un sitio por y para ellos.

Una pista, una gran cabina central. Dos DJs dirigiendo la noche, los ánimos, las sensaciones, los sueños.

Mi sueño.  Ellos y su música.

Foto

Toco la fria pantalla del ordenador recorriendo su cara, sus rizos, esa sonrisa que nunca pude resistir.

Le llamo en voz alta, se que no sirve de nada pero me gusta escuchar su nombre.  Le echo de menos, echo de menos esos momentos en los que creí que era mío. Nunca lo fue. Nunca lo será, pero quiero volver a tenerle cerca, olerle, tocarle, escuchar su música.

Desearía tener la foto en papel, pero entonces la llevaría conmigo a todos los sitios, y sería consciente de ello.

Olor

Es un sentido más, en mi caso exagerado. Huelo a distancia, reconozco olores, los asocio a las personas, y la atracción o el rechazo dependen en gran manera de él.

Fran K disponía de una enorme colección de fragancias masculinas, y todas me gustaban, o será que en su cuerpo se mezclaban con su aroma personal y la combinación siempre funcionaba.

Leo solo olía de una manera, a Leo.

Para mi oler era un placer más,  me dedicaba a arrastrar la nariz por todas las partes de sus cuerpos desnudos, registrandolos en mi memoria olfativa, disfrutando de la exploración, utilizando mi lengua para captar los sabores, dejándome llevar por un instinto primitivo y animal, delicioso.

Desconexión

Hay un día concreto, un momento concreto, en el que no se porque mi cabeza realiza una total y completa desconexión hacía alguien de quién hasta entonces estaba fuertemente atada.

Y de pronto miro a esa persona casi como si no la conociera.

Él pregunta ¿qué te pasa?

No se qué responder, porque no lo entiendo, no puedo explicarlo, es casi inhumano, no tiene sentido…

 

Recuerdos: un encuentro

Aún no había empezado nada. Me encontré con Fran cerca de casa, solo. Era extraño verle solo.

No supe porque enseguida noté algo distinto. Quizás era la casualidad del encuentro, el hecho de que en pocas ocasiones faltaba Leo, o que llevábamos días sin vernos. Pero nuestra conversación no fue fluida, parecíamos dos personas que se acaban de conocer, casi tartamudeando frases inconexas.

Entonces Fran se quitó las gafas de sol y me miró. Fui incapaz de sostener su mirada. Desvié mis ojos, murmuré una excusa, me alejé de él, evitando esa mirada que me había traspasado y creado un nudo en mi estómago.

Para mi era fácil disimular, estaba acostumbrada. Pero ese día sus ojos negros me devoraron, y no lo entendí.

Recuerdos: Sentidos

No veo nada, mis ojos cubiertos con un antifaz. Estoy inmóvil, escuchando débiles sonidos de cuerpos cercanos.

Conectan el equipo; la música llena mis oídos y mis pulsaciones se aceleran a su ritmo, suena “Les Grandes Marches” de Moderat.

Les huelo, se que son ellos.

Noto una lengua recorriendo el lateral de mi cuerpo, empezando por los tobillos, chupando suavemente, sin prisas. Asciende lentamente, se detiene en puntos sensibles conocidos, el hueco detrás de las rodillas, cosquilleo…desde ahí cambia su rumbo, sigue subiendo…se dirige hacía mi sexo, late…late más fuerte, le llama, le suplica que no cambie el rumbo…

Otra boca inunda la mía…me derrite, respondo con fuerza, bésame…, mis sentidos se nublan.