Lluvia

Estoy tumbada en mi habitación, llevo un rato así, inmóvil, escuchando a Kill J – Phoenix, su voz me impide pensar… mejor.

La melodía invita al sexo.

Ultimamente he negado el placer a mi cuerpo, como una especie de autocastigo… soy imbécil. Así de imbécil.

Mis manos se deslizan solas, rompiendo las barreras de mi mente.

Un cosquilleo familiar pero infinitamente menor que el habitual. Agradezco los segundos de placer, pero el recuerdo de esa misma sensación multiplicada por mil se clava en mi cuerpo y me retuerzo de rabia e impotencia.

Afuera llueve…como en mis ojos…

Desconexión

Hay un día concreto, un momento concreto, en el que no se porque mi cabeza realiza una total y completa desconexión hacía alguien de quién hasta entonces estaba fuertemente atada.

Y de pronto miro a esa persona casi como si no la conociera.

Él pregunta ¿qué te pasa?

No se qué responder, porque no lo entiendo, no puedo explicarlo, es casi inhumano, no tiene sentido…

 

Recuerdos: arrastrandome hacia ti

Leo escribe, su mensaje es escueto:  estoy excitado, ven..

Estoy escuchando Do I wanna know? – Artic Monkeys

Mi cuerpo empieza a reaccionar, las piernas flaquean, mi sexo se humedece, mmm

“(Do I wanna know?)
If this feeling flows both ways
(Sad to see you go)
Was sorta hoping that you’d stay
(Baby we both know)
That the nights were mainly made for saying things that you can’t say tomorrow day”

De escritor…

Hace un par de días me dedicaron un libro. Es uno de estos momentos que realmente adoro, abrir la portada y leer las palabras del autor, persona sobre la que de forma incuestionable siento admiración por el hecho de haberlo escrito.

Su dedicatoria: “De escritor a escritora..con pasión”

Creo que no supe agradecérselo adecuadamente, sentí timidez y probablemente inseguridad ante tal apelativo, pero en el fondo de mi, también sentí orgullo…de estar intentándolo…

Gracias J

BSO The Moan Club

Moan fue el inicio, escuchando ese tema me di cuenta de la intensidad de mis sentimientos, sus letras reflejaban lo que me ocurría, su melodía me penetró instándome a decidir un cambio, un enorme cambio.

Hay algunas decisiones de mi vida que no habrían existido si no hubiese sonado música en ese instante.

Por ello en el libro que cuenta nuestra historia cada palabra tiene una nota musical de fondo.  Para mí no existe el libro sin su banda sonora, al igual que los momentos vividos no habrían sido iguales sin esos temas.

Si algún día lo lees…escucha su música…entenderás y te transportaras al mismo sitio donde ocurrió todo.

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“La paciencia no es una virtud, es un superpoder”

Nunca he sabido hacerlo: esperar.

Siempre lo querido aquí y ahora.

Los años y las lecciones de la vida no han cambiado esta característica de niña mimada, dicen algunos, aunque yo no lo entiendo así. Mi explicación es sencilla, ¿por que esperar algo que quieres cuando puedes disfrutarlo ya?

Es cierto que así lo entienden los niños también, pero porque ellos viven el presente con la intensidad que vivimos los mayores el futuro, y desgraciadamente a veces, el pasado.

Y eso es lo que quiero yo, vivir ahora, tenerlo ahora, sentirlo ahora.

Mi desesperación es tal cuando no consigo lo que quiero que lo desecho, lo aparto, lo olvido.

Y mi “ahora” está rompiendose,  lo que quiero ya y no puedo tener es totalmente imposible de olvidar, o desechar… porque forma parte de mi.

Un personaje de Circo

Una trapecista en la cuerda floja, cuyo equilibrio nunca ha sido su punto fuerte cayéndose constantemente; algo que no solía importarle porque sabía que debajo sus dos compañeros sostenían la red…

Una aprendiz de Mago, que constantemente se deja serrar y dividir el cuerpo, porque en el momento en el que su corazón se separa de su cabeza, siente unos minutos de alivio…

Una payasa , que huele una y otra vez la flor en la solapa de la cual sale un chorro de agua, no el olor que quiere recordar…

Un personaje de circo que sabe con absoluta certeza que un día dejará de caerse, dejará de sentir dolor y la memoria de su olor será solo un bonito recuerdo.

Su mundo

Parecía un ser etéreo, inalcanzable, casi irreal. Le solía ver de lejos, no se porque, siempre era de lejos.

Y siempre maldecía esos malditos segundos que no me habían permitido chocarme con él. Ver su cara, su mandíbula encrespada, su mirada perdida, sus ojos. Esos ojos huidizos que parecían no mirarte nunca, hasta que lo hacían.

Entonces me sonrojaba, siempre me sonrojé y creo que lo sigo haciendo.

Él, su mundo, su realidad.

Cuando no estaban juntos siempre le preguntaba a Fran por él, y su respuesta era siempre la misma…”Está en su mundo”

¿Cuál era? ¿Por que no me dejaba entrar?

La respuesta era sencilla, pero nunca quise oírla.

Cita

“El que puede cambiar sus pensamientos puede cambiar su destino” Stephen Crane (vía @abbeydeejay).

Una cita que llega en el momento adecuado. Cuando llevaba varias, (muchas), horas del fin de semana, dandole vueltas al mismo, recurrente tema. Cuando parecía que la frustración volvía a asomar a mis pensamientos, la incapacidad de cambiar nada, la inexistencia de posibilidades de hacerlo, cuando estaba a punto de enterrarme bajo las sábanas de nuevo, leí la cita.

Nada que no sepa, nada que no intente constantemente, pero que por algún motivo, hoy decido creerlo.

Cambiar mis pensamientos, dejar que mi cabeza se llene solo de música, ponerme las botas y salir al campo, volver a los sitios tantas veces recorridos con ellos, esta vez sola.

Recuerdos: un encuentro

Aún no había empezado nada. Me encontré con Fran cerca de casa, solo. Era extraño verle solo.

No supe porque enseguida noté algo distinto. Quizás era la casualidad del encuentro, el hecho de que en pocas ocasiones faltaba Leo, o que llevábamos días sin vernos. Pero nuestra conversación no fue fluida, parecíamos dos personas que se acaban de conocer, casi tartamudeando frases inconexas.

Entonces Fran se quitó las gafas de sol y me miró. Fui incapaz de sostener su mirada. Desvié mis ojos, murmuré una excusa, me alejé de él, evitando esa mirada que me había traspasado y creado un nudo en mi estómago.

Para mi era fácil disimular, estaba acostumbrada. Pero ese día sus ojos negros me devoraron, y no lo entendí.