Equilibrio

No me mandaste una foto sugerente …

Ni otra de un tatu nuevo …

No me contaste historias prometidas …

O dejaste frases sin contestar…

No diste respuesta a una pregunta importante para mí…

Y me quedé en tres o cuatro ocasiones a la espera de una llamada que no se produjo.

Esperar, esperaba todas y cada una de estas cosas. En realidad, no creo que se trate de expectativas infundadas. Sino de intenciones incumplidas.

Concluir que tu interés era pequeño parecía evidente. Pero la lección, la GRAN lección aprendida ha sido:

¿Y?

No puedo negar que cada uno de esos puntos suspensivos me pusieron a mil, que seguir insistiendo parecía necio, pero… ¿por qué?

Porque mi ego estaba herido.

Tú podrías haberte comportado de una manera social, empática, responsable. Pero, por el motivo que fuera, conmigo, en esas ocasiones, no lo hiciste.

¿Y?

Decidí que te quería en mi vida. ¿Y eso fue malo? No, no lo fue. Eso hizo que el amor que siento por cada una de las personas que marcan mi vida, tumbase por noqueada a un ego que poco a poco aprende que su sitio es cada vez más pequeño dentro de mí.

Decidí que tu interés por mí, o la falta de él, no determinaría mis emociones. Decidí dejar de demandar tu atención. Decidí quererte. Decidí quererme.

Porque quererte es muy sencillo, eres mágico. Porque querer, para mí, también lo es, soy Maga.

Y esperarte se ha convertido en uno de los trucos ilusionistas más antiguos del mundo. Ese en el que un pollo (:P) sale del pañuelo y echa a volar.

Y aún, por esos segundos en los que la sorpresa y la ilusión te recorren el cuerpo de pies a cabeza, sí, merece la pena.

¿Y?

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