Una oficina con vistas

Un juego en las alturas, planta 12 y 12 centímetros de tacón. Su presencia llena el espacio de esa oficina vacía, la cual imagino repleta de espectadores ansiosos del desenlace.

Le inmovilizo. Empiezo a disfrutar desde el momento que el que anudo las correas a sus muñecas. De rodillas frente a él, más cerca que nunca, por fin consigo distinguir su esencia.

Una mesa de reuniones y la gran protagonista de nuestras fantasías, es el espacio perfecto para la escena. Me subo, gateo por ella, vendo mis ojos, me olvido de su existencia. Suena Reunion de XX, perfecto. Cojo un juguete, y ante mi público, real e imaginario, lo introduzco dentro de mí. El tacto frío de la mesa contrasta con el calor de mi cuerpo,  devolviéndome, en ocasiones, a la realidad. Me dejo llevar, disfruto, mucho, mucho. Deseo a la persona que se encuentra atada a escasos metros de mí, pero sé que este juego es solo mío. El placer es doble, físico, y mental. Soy yo, y un nuevo alter ego, Valentina (Guido Crepax). Es él, un nuevo jugador, que espera, (im)paciente, su turno. Me acerco y dudo si desatarle. Decido que no, por un rato. Su involuntaria disposición me enciende de nuevo. El guión surge improvisado.

-¿Sufres?- le pregunto.

-Mucho- susurra.

Nunca me había sentido tan provocadora, y no lo puedo evitar, me encanta.

“Para ser generosa en el sexo, tienes que ser egoísta.”

1 comentario

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *